gxm6wKPlAndres Calmis  – Todavía estamos un tanto impactados. Darnos cuenta así de cruditos que somos nomás, de nuestra propia ingenuidad, hay que reconocer que nos duele, y nos duele bastante. Mas aún cuando hasta el propio juez nos lo dice por escrito en la cara, y como si fuera poco, le pone el “gancho” (a fojas 28 del fallo)Teníamos esperanzas de que por una vez la razón primara sobre la fuerza, que por una vez se escuchara la voz de la gente y que por una vez la justicia se hiciera eco de esa voz.

Nuestras esperanzas eran fundadas. 
No siempre, pero si algunas veces, los jueces se encuentran con casos en los cuales tienen “media biblioteca a favor y media biblioteca en contra”. Esos casos son en general controversiales, o porque plantean distintas formas de entender el derecho, o porque se refieren a casos que no están perfectamente tipificados en la legislación, o bien porque se contraponen dos o mas derechos objetivos.
Es justamente en estos casos, cuando los jueces tienen la enorme posibilidad de sentar jurisprudencia, dictando fallos ejemplares que definan “una forma de entender la realidad y el derecho”, forma que será prototípica y que permitirá a futuro definir el criterio para casos similares o compatibles.
Creíamos exactamente que éste era uno de esos, y estaban bastante claras las dos opciones:
Una era que el juez prestara atención a lo que planteaba la asamblea espontánea de miles de santafecinos, en el sentido de que (sintéticamente) el patrimonio público, histórico, cultural y ambiental del Parque Alberdi, era un bien de un estatus relativamente superior a otros.
La otra era que considerara que las autoridades municipales habían cumplido, aunque sea mínimamente y con “forceps”, con todos los “pasos legales” que las leyes y ordenanzas vigentes establecen para que los representante democráticos deliberen (y resuelvan) en nombre del pueblo, aunque sea con argumentos bastante falaces, o aún cuando lo hagan sobre cosas que jamás se habían planteado en el momento de darles el mandato.
Tras cada una de las dos opciones, aparecían las cuestiones que, a primera vista, no son judiciables o bien que no aparecen en la demanda. Por lo menos de manera formal.
Detrás de una postura estaba la preocupación real de miles de ciudadanos por el futuro, no solo del Parque Alberdi, sino de todos y cada uno de los espacios públicos de la ciudad. Antecedentes a los santafecinos, no nos faltan. Solo como muestra podemos dar el ejemplo de lo que se ha hecho con el Puerto de Santa Fe, aquel que un día descubrimos que existía cuando a alguien, con música de Pink Floyd y todo, llamó a los chicos para “derribar el muro”, y hoy es el paraíso la timba y de los negocios (ados) privados.
Detrás de la otra postura aparecía un completito menú de intereses económicos, intereses políticos, sociedades incompatibles con las funciones públicas, legislaciones votadas a medida, presiones políticas, y una larguísima listas de etcéteras…..
Si bien ninguna de estas cosas aparecían explícitamente en el expediente, un juez santafecino, que vive en la ciudad, que conoce el medio, que visitó la plaza desde niño, que no le hace mella agarrar las herramientas para darle una mano al padre en su laburo, que conoce como nadie el medio socio-político de la ciudad, no podía desconocer en su fuero íntimo esas otras cuestiones que, implícitamente, están presentes en la causa. A menos que viva dentro de un frasco.
Bueno, pasó lo que pasó, nos falló en contra, no solo a la ONG que se hizo cargo del trámite judicial, no solo a los cientos de miles de santafecinos que viven la ciudad a diario, sino también a los millones de santafecinos que ni siquiera han nacido todavía, porque este fallo los afecta especialmente también a ellos.
Ahora solo queda una muy degradada esperanza en el éxito de una apelación, que deberá probar suerte en alguna de las Cámaras que están plagadas de profesionales emanados de los soterramientos franjistas. Será difícil.
La pregunta entonces es:
¿Qué nos deja como resultado fáctico este fallo del juez Eduardo Sodero?
Primero lo obvio, un parque destruido y reemplazado por un Frankestein arquitectónico, una tremenda losa de hormigón, con un pastito sembrado sobre una colchita de tierra que será imposible de mantener vivo, un moderno panteón de autos en pleno centro, un tremendo negoción privado y no mucho más, ni mucho menos, que eso.
Después lo mas preocupante. Este fallo le da a la corporación político-económica reinante en la ciudad y en la provincia, el AVAL JUDICIAL A UN MODO DE GESTIONAR LA COSA PÚBLICA. Avala implícitamente las sociedades y acuerdos (la mayoría ocultos) que dejan a todo el patrimonio público a expensas de “proyectos de iniciativas privadas” similares, con lo cual, mediante las acostumbradas estructuras de relaciones impropias, dejan a expensas de los buitres de siempre, la ciudad en que vivimos y los bienes que nos pertenecen colectivamente.
Este fallo, además, da impulso para la continuidad de la “reforma integral de la ciudad”, que incluye como ya sabemos públicamente, otro adefesio similar en Plaza San Martín, y como todavía no se ha dicho públicamente pero que si ya sabemos, proyectos similares en Plaza España y Plaza Constituyentes.
Por otro lado, este fallo consolida indirectamente el robo de terrenos públicos (ya ni siquiera mediante ordenanza alguna) para que algunas empresas como CAM hagan sus accesos por parques a las cocheras de sus edificios, inviables sin esa usurpación, como pasa en Plaza Alemania, o como está pasando con terrenos que eran de entes públicos en Av. Alem que terminan en manos de Benuzzi para la construcción de sus edificios.
Este fallo va en línea (otra vez) con el modelo de entrega de patrimonio público a manos privadas que se llevó a cabo en toda la zona portuaria, instrumentado por personajes (los mismos, siempre los mismos) que tienen la virtud de saber sortear las investigaciones judiciales, y saben como demorar los procesos el tiempo suficiente como para que las causas prescriban.
Este fallo le salva la cabeza a algunos que frente a un revés judicial, se hubiesen transformado en cadáveres políticos, después de haber arrasado con todas y cada una de las normas éticas imaginables, y después de haber manipulado de mil maneras posibles personas e instituciones de la ciudad.
Este fallo nos hace sospechar que la justicia de ellos no es la misma que la nuestra, que cuando hay posibilidad de cambio de figuritas, el principio que impera es el “vos me ayudás en esta, y yo te mantengo cajoneado aquello que vos sabés……. Sino, el agua nos tapa a todos”.
Este fallo quiere dejarnos la impresión que ellos son más fuertes que nosotros, que resulta imposible la lucha, que las “instituciones” y sus operadores, son los que siempre imponen su verdad y siempre van a imponer su voluntad.
De última, no es tan difícil de entender. No hace falta revolver jurisprudencia en alemán y doctrina estadounidense para justificar aberraciones en contra de la sociedad. No hace falta llamarte para decirte “….lean bien, la cosa no termina acá…” como si quisiera quedar bien con alguien o para hacer las paces con su propia conciencia (otro mas…..y van) cuando ya no tiene más un pito que ver con la cosa, ni la causa.
Hubiera sido mucho más simple sentar jurisprudencia propia, ponerle la firma a un leading case y ganarse el reconocimiento de toda la sociedad santafecina, que además, es la que le paga el sueldo.
Por eso este fallo nos “folla”, como dicen en España. Nos “jode” como decimos nosotros.
Por último, y como decía el inolvidable Tato, “…si siguen haciendo las cosas que están haciendo, nosotros vamos a tratar de estar acá todo el tiempo que sea posible para seguir jodiendo! Y para cuidarlos también… para preservarlos de la máquina de cortar boludos”
Yo simplemente le agregaría….”y para recordar”.