000 logo12ministerio publicoPablo Benito – El viernes 29 de noviembre próximo pasado, el Fiscal Roberto Apullán, interviniente en la investigación de la muerte de Daiana Buratti en el Sanatorio Diagnóstico, convocó a una conferencia de prensa para comunicar el estado de esa causa. El dato trascendente fue que contó con la presencia de la mayoría los fiscales de la Fiscalía Regional 1 de Santa Fe, en un gesto de apoyo al Dr. Apullan, en una manifestación no institucional sino de solidaridad con su colega. Destacamos esto porque la ausencia del Fiscal Regional, Dr. Ricardo Fessia, denota una situación de debilidad de los Fiscales, que deben estar al frente de las investigaciones, en el “día a día” y no recibieron el respaldo institucional de sus superiores en la medida de lo que creen corresponde para trabajar con seguridad. Ver “Imágenes de la impunidad que mató a Daiana”

Lo que fue, en principio, una conferencia para informar el curso de la investigación de la muerte de Daiana, culminó siendo una protesta de los funcionarios por las condiciones de trabajo y la falta de medios para realizar sus tareas. Culminada la conferencia los periodistas presentes fuimos invitados a recorrer la Fiscalía cita en 1ro de mayo 2822. Las conclusiones son exclusiva responsabilidad de la subjetividad de este cronista. La infraestructura mínima para el trabajo de los fiscales y el cumplimiento de su función dentro del nuevo sistema judicial provincial es VERGONZOSA. Oficinas – nichos, sin espacio siquiera para el archivo de expedientes. Habitaciones exiguas en donde convive el secuestro de armas con elementos de oficinas, sin lugar para la atención de víctimas y/o denunciantes de manera íntima y no intimidante, etc.
Desde esta columna, hemos alertado, en reiteradas ocasiones, que el éxito o el fracaso de un nuevo sistema penal, al que todos apostamos sea positivo, no puede descansar en el cuerpo de una decena de hombres y mujeres trabajando 20 horas por día. Porque no corresponde, porque el grado de precariedad se garantiza más allá de la performance heroica que puede tomar tal o cual Fiscal.
Luego veremos las capacidades personales, aptitudes, trabajo y honestidad de los Fiscales, pero esto no se puede analizar si la estructura, infraestructura y planificación logística-política de este nuevo sistema no tiene la mínima coherencia con sus postulados de modernización y culmina siendo un torpe intento que queda a mitad de camino entre la reforma y lo viejo. Impronta de la tibieza con que encara las transformaciones esta concepción progresista temerosa que encarna el radical socialismo y que no termina de encontrar el punto de equilibrio entre el apuro electoral y el análisis científico y serio de los propios tiempos que conllevan modificaciones de este tipo.

El nuevo sistema penal está en crisis, algunos dirán que son los dolores que traen aparejado los partos, pero clínicamente es aceptado que lo dolores son emergentes posibles de inconvenientes en la salud de un paciente. En este caso, el Estado y el gobierno, que hoy por hoy lo conduce, hace caso omiso de las manifestaciones de molestias de ese paciente que, impaciente, expresa lo que le ocurre. Algo tan parecido a lo que ocurrió con Daiana y los médicos y enfermeros que no hicieron caso a las quejas de la niña a la que habían proporcionado la solución química que fue un veneno mortal su cuerpo. Esas mismas quejas de los fiscales como síntoma de un sistema débil, tienen el mismo efecto de indiferencia por parte de los padres de Daiana Buratti, “Si no pueden hacer su trabajo que renuncien, a mi me mataron a mi hija y quiero justicia. No quiero que los responsables toquen un chico más de por vida, porque lo que hicieron y porque lo encubren. A mí no me importan los problemas del fiscal y si tiene muchas o pocas causas”.
Esa indiferencia de los padres de Daiana es la única que realmente cumple su rol con impecabilidad. Las víctimas, los ciudadanos, que someten su conducta al Estado de Derecho, exigen Justicia como lo deben hacer. Es como el estudiante que llega a un examen y se excusa con un “mi hermanito no me dejo estudiar”. Reprueba, es aplazado y el docente no tendrá contemplación. Por qué habrían de tenerlo los padres a los que el sistema de salud en general y un grupo de profesionales de Diagnostico en particular, le arrebataron la vida de su hija.

Queda para el análisis, posterior, la salud de una conferencia de prensa convocada por funcionarios públicos en razón de sentirse atacados por las críticas del periodismo y el conocimiento de las imágenes que son “evidencias”, dirá Apullán, para no decir “pruebas”. No hay nada que hacerle, por más excusa técnica jurídica que esgriman los profesionales del derecho, el estudio de la causa, arroja que pueden ser o no pruebas, pero tomemos las palabras del Fiscal, son evidencias y no hay que ser juristas para dilucidar la etimología del término. “Evidencia” deriva de lo “evidente” y las imágenes de las cámaras de seguridad muestran lo que evidentemente pasó y los testimonios lo refuerzan.
Deberán los fiscales, tomar una decisión corporativa fuerte y concreta. O ellos le ponen el cascabel al gato o el gato se los come.
Mientras, Daiana no está, los profesionales médicos responsables siguen atendiendo niños y las omisiones de la investigación fueron desnudadas.
El Fiscal Apullan, sus colegas fiscales, un periodista, un médico o un enfermero no importan ni son (ni somos) importantes, ninguno es vedette y la realidad no es un teatro de revista. Hay vidas en peligro, permanente, en manos de una corporación médica que dejó de tener pacientes para contar con clientes.
Leandro Buratti y María Rodriguez, padres de Daiana, tienen el coraje de recordar a su niña en la lucha. Su empuje y presión por la verdad hizo saltar en mil pedazos el marketing vacío de la medicina privada y la justicia pública.

El resto, estamos reprobando ampliamente aunque tenemos chances de recuperar.