Pablo Benito – En octubre de 2003, publiqué en la Revista Tercer Mundo, una investigación sobre un empresario al que ya denominábamos “El Bankero de Kirchner”, Enrique Eskenazi. Eran tiempos de luna de miel entre Néstor y Magnetto. El silencio favorecía la construcción de poder de ambos y el santafesino-santacruceño, Eskenazi, era el elegido por Kirchner para encabezar la construcción de la burguesía nacional y popular. No sólo parte de su apellido contenía la letra K, Eskenazi fue el empresario más importante del esquema de financiamiento del kirchnerismo como proyecto político. En setiembre de 2003, apenas 4 meses después de haber asumido la presidencia, Eskenazi se quedaba con una maniobra escandalosa, insólitamente aceptada por el BCRA, denunciada por el entonces Diputado Nacional, Carlos Iparraguirre. La adquisición del Banco de Santa Fe, en manos de los Rohm,  se hizo a través del Banco de San Juan, que contaba 380 millones de pesos y compró el de Santa Fe, con depósitos por 2.250 pesos. Sin poner un solo peso el titular del Grupo Petersen se iba haciendo de los bancos más apetecibles del país: los que eran agentes financieros del Estado. El derrotero financiero de Eskenazi había comenzado en 1996 cuando con un apretón de manos a Néstor, le daba la titularidad del 51 % de las acciones del Banco de Santa Cruz. Si, Kirchner, privatizaba ni más ni menos que la herramienta financiera del Estado provincial. 

 

Eskenazi, explotó de la mano de Kirchner o viceversa y el quiebre final se dio con aquello que un hombre de Poder no cuenta dentro sus planes: Su propia muerte. Tras el fallecimiento de Nestor, Eskenazi se independizó de la política y no necesito meterse en terrenos escabrosos como lo hicieron Lázaro y Cristóbal. Al igual que Wertheim, Eskenazi supo cultivar el perfil bajo y no se metió en el terreno minado de los medios. Apenas acompañaron a Nestor hasta la puerta del cementerio, pero no entraron con él. Sabían que la pelea frontal con Clarin era una tensión que correspondía al político y no a sus testas.
No casualmente, las investigaciones periodísticas, hoy judiciales, esquivan a los más fuertes empresarios “ex k” y somete a los que “osaron” emprender la aventura detrás de la ley de medios.
En la provincia también Eskenazi supo manejarse políticamente, usando la varita mágica del presidente y haciendo la propia con los poderes locales. Llegó con el último gobierno de Obeid y se mantuvo con Binner y Bonfatti quienes renovaron, obedientemente, el contrato de agentes financieros y apenas le modificaron la coma a la relación con el Banco de Santa Fe, de ceder las cuentas judiciales de Rosario al Banco Municipal.

Retomar esta investigación significa borrar de la cabeza de la pesquisa, aquello de los “empresarios K”, Eskenazi, trasciende esa letra y supo relacionarse con todos. Medio Gabinete del actual gobierno nacional ha trabajado con o para Eskenazi en cualquiera de sus vertientes y la Familia Macri tuvo la puerta abierta, siempre, a la década ganada, por el lado del Ingeniero Químico, que cursó sus estudios primarios en la escuela Lopez y Planes de la Ciudad de Santa Fe, durante la Década Infame.
Si nadie se pregunta por el hombre más fuerte del esquema imaginado por Nestor de la Burguesía Nacional, deberemos hacerlo, humildemente, nosotros.

Billetera mata memoria y condiciona proyectos. El grupo Eskenazi es el más fuerte de nuestra provincia, maneja el dinero del Estado y se ha transformado en su “empleado público” más caro. Cobra y mucho de la provincia, arriesga poco y nada, muy lejos de ser una herramienta financiera para el crecimiento de la región, la ecuación se da a la inversa. Son los santafesinos quienes financiamos al Banco de Santa Fe.