Pablo Benito (Para Notife)   Radiografía de una chica “casi”.

Comparte su cama, todas las noches, con un gigante felpudo blanco y muy oso que toma con sus garritas un corazón rojo con la inscripción “Love”. Regalo de papá. Obsequio de los 15. Una multitud de bichos de todos los colores la observan. Jirafas, perros orejones, leones y tigresas inofensivas, gatitos panzones y un par de muñecos amarillos con ojos de antiparras. Minions. Comparte la habitación con su colección más preciada. Ahí están las Barbies. Espigadas, anoréxicas y descremadas. Son muchas, pero podrían ser una sola. Ese es su mundo conocido y reconocido, todo se reduce  a un par de metros cuadrados en donde sus padres la mantuvieron  a salvo de algún peligro del que ella no fue informada. “Ya vas a entender”, resumieron. “Es por tu propio bien”, sentenciaron.

La burbuja de cristal

Una enorme ventana le ofrece, desde su habitación, una vista semi área, del barrio. De sus techos y el multicolor espectáculo de ropas al sol de los vecinos a quien conoce por nombre, apellido y profesión. Hay otra ventana, de apenas 14 pulgadas, desde la que se puede ver estallar al mundo. Un mundo en donde todo es posible sin más esfuerzo que un “click”.
E. visita perfiles y “concurre” a eventos a los que ha sido invitada de forma automática en Facebook, solicita ser amiga de pibes populares del colegio y retoca propias fotos para disimular su molestó acné,  mientras peina con dedicación y energía su Barbie y la prepara para un encuentro romántico con Ken. Ella los presentó hace unos años e iniciaron una relación amorosa perfecta, sin fisuras y clonada de su deseo de niña. Porque ella es una niña, con 15 recién cumplidos y un cuerpo que la sorprende todos los días. Dejó de ser nena aunque su dormitorio mantenga el secreto de ese mundo al que no quiere volver pero le resulta el más seguro por ser el único conocido.
Se asoma a un mundo más joven que infantil y coincide con su amiga de certidumbres con la que identifican, clasifican y practican poses, “todo pasa por la actitud”. Y su “actitud” se transmite por su foto de perfil de Instagram. Frente al espejo y con su celular por sobre su hombro consiguió arquear su espalda como nunca antes y girar su cintura hasta hacerla desaparecer dando protagonismo exclusivo a su cola. Valió el esfuerzo disimulado por el dedo índice bajando el labio inferior de una boca retocada con Retrica, la aplicación que uniforma la belleza adolescente con un toque “vintage” algo grasa pero masivo.
“Pareces  la Cyrus”, alienta el Padre e referencia a la ex adolescente y modelo de Disney que paso a ser el arquetipo del reviente como estética cool.

Salir
No está preparada aún. Al fin y al cabo ¿Quién lo está? Pero el mundo se mueve allí afuera según lo que recaba de su pasó por las redes sociales en las que es una eximia socializadora. Tiene 4500 amigos y cientos de “me gusta” en su álbum al que tituló, con escasa originalidad como “shoooo”. Con sus labios pegados y los dedos en “v”, todas las fotos podrían ser una sola. Como sus Barbies. Le han certificado, por público y por mensaje privado que su cola, pompis, burra, nalgas, cachas, culo y hasta orto u ojete – para los más desubicados y desconocidos “amigos”- es muy lindo, “comestible y suculento” como el “bombón asesino” por lo demás, “masticable e insaciable”.
Siente que tiene el macho, el 7 de espadas y, por supuesto, la hembra. Lista para decir “si a todo”. Con sus cartas va a matar, lejos está la posibilidad de que, con tanto a favor, pueda morir ¿Qué es eso?
Sus, recién cumplidos, 16 años indican que se queda en la puerta del boliche, no debería pasar. Mamá y papá no tienen problemas con eso. “Si sos idéntica a tu prima S. llevá su DNI. Esta parece de 20 o no Mamá”. Mamá sonríe y asiente. La ve de 12 todos los días que le hace el desayuno, le pregunta si tiene la Sube cargada y le recomienda tener el celular prendido “por las dudas”. Ella sabe que no tiene 20, pero cuando van juntas al gimnasio y ve como los tipos la relojean, siente que es toda una mujer. Sobre todo cuando hace sentadillas y escucha los comentarios de los muchachos a su espalda.

Al límite

Está feliz de sus papás piolas y jóvenes. Ellos se encargaron, personalmente, de preparar la mesa de tragos en su fiesta de 15. Papá alentaba a sus amiguitos a entrarle a los cócteles más fuertes y se mataba de risa cuando hacían el ridículo en la pista de baile y arrimaban a cuanta piba les pasaba por delante.
Los padres de E. hacen todo por ella. No se debe esforzar ni por revelarse. Hasta las travesuras le festejaron siempre. Seguía teniendo las obligaciones de una nena aunque los derechos de una mujer.
E. tenía miedo y lo sabía disimular muy bien. Alguien le dijo una vez que eso era adrenalina y que esta re bueno porque así “sos re vos”. A la primera cerveza te olvidas de todo, a la segunda seca no dejas de reírte y a la tercera línea, sentís que no hay límites. “Todo piola”, a la mañana “te rescatas” y tus viejos ni se enteran del viaje que pegaste.
Y E. va de fiesta en fiesta los fin de semanas duerme de día y jode de noche. Pide que no le hablen fuerte – si es posible que no le hablen- durante todo el domingo. El sábado fue a una fiesta electrónica. Papá pregunta qué es eso y ella ya no es tan compinche de la travesura como con lo del DNI. Responderá con nula energía, “una cosa ahí en un lugar”. Mamá pedirá precisiones pero todo se interrumpirá con una puteada de cinco renglones. Le acaban de meter el tercer gol a Colón. “Estaba en orsai” es el grito de guerra dominguero. Mamá enfoca con un ojo para certificar la cámara lenta y pregunta “cuáles son los de Colón”. Papá se enoja por séptima vez en el primer tiempo “cállate que vos no entendés nada”. E. ya está de nuevo en su pieza abrazada al Oso, con sus Barbies y sus felpudos, pero con una resaca que la asusta pero que ya le advirtieron sus amigas mayores. “Pasa enseguida”. Siente un hormigueo en sus extremidades y una presión en el pecho insoportable. Tampoco “entiende nada” de lo que le pasa. Intenta llamar a su madre pero el televisor a todo volumen y el griterío ante el descuento sabalero para ponerse 3 a 2 hacen estéril el esfuerzo de la nena por llamar la atención.
No la escuchan.