Pablo Benito (Para Notife)

“¡Adiós! Eres muy caro para poseerte; 
tú tus cotizaciones bien al justo cuidas, 
y tu cartera de valores te hace fuerte; 
mis letras contra ti todas están vencidas. 

Cita LXXXVII “Sonetos de amor”. William Shakespeare 

 

La conocida cita existencial “…ser o no ser” William Shakespeare (1564-1616), no perturbaba la aguda mirada del padre de la literatura universal para ver, con claridad pragmática, los signos de su tiempo en el que fue testigo del nacimiento de una Inglaterra poderosa en la instalación de un modelo financiero que se apropió del lenguaje económico de los últimos cuatro siglos. En este caso el amor, el deseo y el sexo copulaban con símbolos modernos como “cotización”, “cartera de valores” y “letras”. 397 años después de haberse escrito, estas palabras cobran actualidad inusitada para una sociedad que pretende misericordia y altruismo de hombres de negocios que acceden al poder formal del Estado.  
Las metáforas económicas y sociales de Shakespeare no eran puestas en boca de la plebe, sino de los nobles que veían en los mercaderes – en los burgueses-, a un amante impiadoso imposible de poseer. 

Macri – Trump 
Dos ejemplos contemporáneos dan la pauta de qué William Shakespeare, no ha sido comprendido por un establishment que no cotizó, en su momento, el costo del amor a un par ignorando que en realidad era su competidor. El empresariado, el poder financiero, el industrial se está dando cuenta que Macri, por caso, le saldrá caro y que el ADN de los negocios en la argentina es servirse del Estado. ¿Por qué alguien desaprendería lo que es y pasaría a servir al Estado? ¿Qué estaban pensando las corporaciones cuando impulsaron a uno de ellos y pretendieron que haga el trabajo sucio para beneficiarlos? ¿Qué potentes astros intermediaron en tan estúpido análisis de creer que existía el amor entre gerentes? 
Los Kirchner necesitaban de ellos para obtener negocios que les eran ajenos, Macri no los necesita. Incluso Néstor necesitó a los Macri vivo y creciendo. Necesitó al círculo rojo y a su expresión visible, Clarín. Pero siempre supieron que hacer el amor con las corporaciones tenía un precio imposible de pagar por un novel rico como el santacruceño. 
Y el pueblo… si el pueblo, esa cosa uniforme que está en las gradas y apenas son unidades de consumo y fuerza de trabajo, nada tiene que ver con el Poder. 
Kirchner y Macri siempre supieron que el Gobierno no es el Poder, sino apenas una herramienta para conseguirlo. 
Que Macri está perpetrando un negocio de ricos puede tener algo de cierto, pero es una afirmación ingenuamente escasa. La poética asignación de la clasificación “rico” a una masa homogénea y educada “con mucha plata”, ya es una tontería para la tribuna. La lucha de fondo y a partir de la cual se puede entender la realidad del país es, inversamente al verso relatado, una pelea entre ricos. Entre poderosos que pretenden, siempre, más poder como para no perder energías.  
Algunos pueden hasta concluir que es el empresariado el gran “enemigo” de Macri. Es un punto de vista aceptable pero inútil. Lo que está ocurriendo es que Macri es el gran enemigo del empresariado, de las corporaciones, del establishment.  
Dicen que “no hay peor astilla que la del mismo palo”. Verdad a medias, hay una astilla peor y es la astilla que quiere ser palo ¿Por qué debería detener un hombre ambicioso, nacido en la codicia, su paso alocado hacia la conquista de más y mayor poder? 
¿Por qué no sería el primero en la lista de benefactores del Estado en usar su pluma para licuar sus deudas, blanquear su dinero y adjudicarse dinero de obras, además de limpiar su placard luego de un largo, tortuoso y audaz viaje hacia ser su propio representante dentro del gobierno del Estado? 
El empresario y presidente coincide: “La patria es el Otro”.  

 

“Así que, hermoso avaro, di, ¿por qué defraudas 
la graciosa largueza que te da a que des? 
Vano usurero, ¿a qué la suma que recaudas 
usas, si ni aun vivir puedes del interés?”