(Pablo Benito para Notife) – La Carpa Blanca logró la promulgación de la Ley de Financiamiento Educativo y la empatía social que se mantuvo 1003 días. “Hoy somos todos docentes”, enseño dentro y fuera de las aulas. La protesta más efectiva con aulas abiertas.

Principios de marzo es un mes en el que el calor no afloja, las lluvias no cesan y los ríos crecen. Pero el mes tres del calendario, hace tiempo ya, tiene un nuevo ingrediente que se repite como novedad hasta dejar de serlo y transformarse en constante. En patrón. Las clases no comienzan. Indefectiblemente, sobre los últimos días de febrero, las conversaciones comienzan entre docentes agremiados y funcionarios haciéndose lugar, a los codazos, en la agenda social. Llegando el final del mes más corto del año, todo se vuelve negro. Se enojan, se acusan, se plantan y empieza el lento camino hacia la consolidación del título que se adueña de diarios, zócalos de noticieros televisivos y primera noticia radial: “Peligra el comienzo de clases”.

Hábitos

El hábito es cualquier comportamiento repetido regularmente, que requiere de un pequeño o ningún raciocinio y es aprendido, no se hereda ni se trae. Estos pueden ser “buenos” (virtud) o “malos” (vicio).
Sin mucho andar, ni polemizar podríamos determinar que la realidad está generando en los pibes el “vicio” de la incertidumbre, ya no como tensión o temor a lo que ocurrirá, sino como hábito de la indiferencia ante la inseguridad social que parte de la propia institución educativa que ocupa el lugar de la autoridad del obrar cotidiano. Símbolo absolutamente derruido y que se ha ido transformando, poco a poco, desde el Jardín, mal llamado “Maternal”, hasta el último día del ciclo educativo secundario, en un monumento al “quizás”, a partir del cual “el daño no tiene retorno”. “No sé si empezamos el lunes o el mes que viene las clases”. “Tengo prueba, supuestamente, el jueves, si es que no hay paro”. “Si hay paro, el miércoles nos juntamos a la noche”. “Creo que hay paro de maestros o de colectivo, no sé. Pero hoy mañana no tengo clases”. Esto es lo que está pasando en las cabecitas de los chicos y es el dato objetivo de la realidad desposeído de juicio de valor alguno y distribución de las culpas, que es un dato a proporcional más por la moral (ina) que por un análisis con la realidad como objeto.
Pero hay un dato dado a conocer que debería preocupar sobremanera por que revela un plan educativo que es una declaración de impotencia y propia torpeza del Estado. El Ministro de Educación de la Nación, Esteban Bulrrich, declaró ante empresarios en un  Foro de Inversiones y Negocios que tuvo lugar en nuestro país que “hay que crear Argentinos que sean capaces de vivir en la incertidumbre y disfrutarla”.
“Disfrutar la incertidumbre”

Lejos de otorgar, a tal declaración, de principio el mote de “oscuro plan de la derecha en materia de educación”, lo que importa es el reconocimiento de inoperancia o inexistencia de política educativa y más la ingenua pretensión goebbeliana de entender la educación como una “creación” de sujetos para tal o cual fin como si fuese el guión de un mediocre dibujo animado en donde un señor muy malo pretende hacer que los terráqueos respondan a él manejados como Joystick. Esto, dicho en pleno siglo XXI es una gran tontería por no ser más claro y catalogarlo como una real pelotudez.
La inflación como principal disciplinante social de esa incertidumbre, la violencia como paralizante terror al movimiento, la conservación y preservación de la fuente de trabajo como angustia familiar o el acopio de bienes para no “arriesgar” o arriesgar lo menos posible importando en vez de producir, se han transformado en un círculo vicioso que dinamita la esencia del buen vivir que no es la “alegría” sino la pulsión de la trascendencia y el desarrollo individual y colectivo      que transforma a los ciudadanos en algo más que sujetos consumidores y, cada dos años, electores.
El  “no Plan Bulrrich”, no es su invención sino apenas un sincericidio de su propia incompetencia. Este concepto de la inacción del Estado que promueve la “adaptación” en vez de la “transformación” de la realidad, es el corolario de la pereza social de una Argentina gorda, despanzurrada en el sofá del living y cerveza en mano viendo la realidad en HD como si le fuese ajena.
El No Plan Educativo
Por incapacidad, este “no proyecto” lleva décadas de consolidación, sólo interrumpido por aquel hito histórico de la Carpa Blanca Docente que supo convocar, promover y tender puentes de empatía con una sociedad y sus mayores referentes de la ciencia, la cultura, las artes y hasta el deporte. Esa lucha, actuó sobre la realidad, la transformó y arriesgó. Esos lúcidos dirigentes gremiales que le pusieron el cuerpo y el estómago, hoy siguen siendo los mismos, aunque deformados en el error histórico de transformarse en oficialistas durante una década, como si la educación durase un ciclo lectivo. Finalmente, lograr la conquista de paritarias los tragó, los transformó en burócratas muy cerca de los funcionarios en una mesa, pero cada vez más lejos del sustento que pudo haber transformado la educación argentina y la inequidad social que nunca dejó de crecer.

Disco rayado

La mímica entonces es más o menos así. Ya durante el final de noviembre, “los líderes docentes expresan que el próximo será un año difícil para la educación que se encuentra en crisis con salarios retrasado e infraestructura colapsada”. Los gobiernos, cualquiera sea en estos últimos años, dirán que la situación es difícil “pero confiamos que todos juntos logremos revertirla” – reconocer la situación con las elecciones lejos es aconsejable y hasta queda bien. Finalizando enero, los gremios docentes dirán que la inflación se ha comido el “salario del trabajador”, algo que bien podría haberse dicho en setiembre u octubre pasado, pero no era el momento porque una medida de fuerza implica el retraso de la curricular en las aulas. Puede que entre un paro de 48 o 72 horas como “feriado” puente, pero de lo contrario sería acumular trabajo hacía fin de año.
Llegado febrero ya se empiezan a tirar porcentajes de aumento por el lado del equipo gremial. Los funcionarios de la cartera educativa, desde algún congreso pedagógico en Cancún, dirán que “es apresurado hablar de porcentajes ya que hay que analizar otras variables”. Aparecerá en un diario oficialista algún estudio de deserción escolar, dos o tres ejemplos de barbaridades escritas por alumnos en exámenes y alguna comparación salarial con Haití, Etiopía, o con Australia (andá a chequear…)
Antes de sentarse en las paritarias, los gobiernos –nacional o provincial – personalizarán en el nombre y apellido del dirigente con el que van a polemizar y así salvar la empatía con la masa docente. El citado/a, aceptará con gusto la propuesta. No busca fama ni dinero, con protagonismo le alcanza y sobra. La omnipotencia y el Poder no pasan, en un representante docente,  por el dinero – la historia no ha encontrado aún a dirigente docente con cuentas offshore, ni yates. Son gente del montón. Prima la barba en ellos y los rulos en ellas. Conclusión: el dirigente docente no es corrupto. Del lado del gobierno, harán una trampa y pondrán a una tercera línea a polemizar con los sindicalistas. El cuatro de copas, funcionario sentado a la mesa paritaria, dirá las barbaridades más ofensivas hacia “el elegido” sembrará dudas en torno a su representatividad, honorabilidad y, si es necesario, sexualidad. Deberá llevarse la marca unos 10 días y desaparecerá luego de un anuncio denigrante y risueño. Esa es la parte en que los ministros y hasta gobernadores desconocen al tercera línea -que ya descansa en Pinamar – y mejoran la oferta que, generalmente, es apenas la mitad de lo pedido por los gremialistas. A esta altura faltan pocos días para el comienzo de clases y los docentes, en pleno, deciden no comenzar. El gobierno dirá que a los dirigentes –nunca generalizará- son monstruos que se comen los chicos y recibirán la acusación apocalíptica de que el gobierno, sea cual fuese, pretende dinamitar la escuela pública para favorecer la privada y denunciarán indignados, las condiciones de trabajo, a docentes que deben atender el comedor y dar clases, la cantidad de pibes desnutridos que se duermen en el pupitre, la falta de vidrios puertas y cielorrasos que penden de un hilo y la desinversión total en infraestructura por parte del Estado. La idea es meter a la sociedad en el reclamo, aunque es un poco tarde y los padres ya los putean en cinco colores porque no saben si colgarse ellos o a sus hijos. No se adaptaron a la incertidumbre y lejos están de disfrutarla. Un par de paros de un lado, amenazas absurdas del otro – Vidal batió record con carneros voluntarios- la tensión se hace insoportable, el ir y venir desgasta al punto que el acuerdo llega. Los salarios por escalera, los precios por ascensor, todos dirán que lograron un acuerdo beneficioso y las realidades educativas que se tiraron de trinchera a trinchera, quedan olvidadas en el piso y vuelven los guardapolvos blanco a las escuelas sin ventanas y comedores atendido por sus directores.
Y así, como disco rayado se suceden los años pero cada vez más abajo. Los pibes, que miraron la historia repetirse en sus años de infante, serán oportunamente acusados de haber “perdido todo tipo de respeto por los adultos y la autoridad”.
Otro año más, dice el calendario que 2017. La estupidez se repite, las tonterías ya no se escuchan en los medios pero si en las aulas… NO APRENDEMOS MAS