NATALIA

pablobenitoprieto@hotmail.com (Para Notife) – Notife tuvo acceso a dos causas que investigan – inexplicablemente por separado-la desaparición de Natalia Acosta. La joven  fue vista, por última vez, en la esquina de Suipacha y 25 de mayo, el 29 de mayo de 2009.
Los expedientes del caso demuestran el conocimiento de funcionarios e integrantes de la Justicia – incluyendo jueces y fiscales – de todos y cada uno de los engranajes de la red de trata en la ciudad de Santa Fe. La propia investigación se cruza, en condición de testigos, con proxenetas  y facilitadores de la prostitución que confiesan su actividad. El propio sistema descubre – “sin querer queriendo” – como funciona el delito de la trata y la explotación sexual.
Natalia Acosta tenía 23 años. 7 años y medio después  la causa – cajoneada por la Justicia provincial-, aún se mantiene bajo la carátula de “Búsqueda de Paradero”.
En su búsqueda, el Juez Sanchez, el fiscal Jorge Andrés y sumariantes,  tomaron testimonio a dueños de prostíbulos – como Místico, Stud en Santa Fe y la Luciernaga I y II en Gualeguay -; allanaron locales en búsqueda de la joven en Recreo, Monte Vera y en localidades de Entre Rios; interpelaron a sus regentes, dueños y chicas prostituidas. Pidieron las disculpas correspondientes – nadie había visto a Natalia- y se fueron. Se toparon con la Red de Trata y la esquivaron.
La policía, por “intuición detectivesca”, concurrió con la foto de la desaparecida a los hoteles en donde se facilita la prostitución y eran “habituales” de Natalia, como el Hotel Rivadavia, en pleno centro santafesino y regenteado por el conocido ex dirigente de Utedyc y barra brava de Unión, Diego Tibaldi.
Tomaron testimonio al propietario de Místico y a su reclutador en las calles quienes dieron detalles de cómo funciona el “negocio” y su participación en el mismo.
A medida que la búsqueda de Natalia iba llevando -al Fiscal y al Juez- al corazón mismo de la mafia de la prostitución y sus derivaciones policiales, políticas y judiciales, el afán persecutorio fue disminuyendo.  Incluso se iban encontrando, en distintos allanamientos, con casas de tránsito de jóvenes que hacían “plaza”. Daban con los responsables,  preguntaban por Natalia y ante la negativa… palmadita en la espalda y “si te enteras de algo avisáme”.
Se llegó a dar con el celular de Natalia Acosta- semanas después de su desaparición- el aparato se encontró en manos de un  joven que trabajaba en una verdulería en Recreo – reconocida pantalla de un conocido prostíbulo que funciona a metros de las hortalizas. El muchacho dijo que no se acordaba a quien se lo había comprado y, comprensivo con él -Fiscal y Juez- lo dejaron retirarse. Eso sí, el celular fue incautado a su poseedor “casual”.
Cuando el padre de Micaela insiste en que lo que falla es el sistema, está diciendo una innegable verdad. Pero si  escarbamos un poco podemos inferir, además, que el Sistema quizás  no falla. Funciona a la perfección en la “zona de confort” institucional en donde la consigna parece ser “comer y dejar comer”.
No hay motivos para pensar que la indiferencia estructural del Estado, ante el millonario negocio de la prostitución y su variante agravada de la trata, lo hace, ya no cómplice, sino como socio.

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