“GRACIAS, HERMANO”

* De Facundo Jones Huala,
para Santiago Maldonado.

Gracias, eso, te diría gracias, si hoy pudiera tenerte frente a mí. Infinitas gracias, porque no se me ocurre una palabra más poderosa para reconocer profundamente todo tu amor a nuestra comunidad, tanta entrega de manera desinteresada, por el simple deseo y el arduo trabajo de intentar conocernos, pero de verdad. Tremendo esfuerzo, hermanito, no habrá sido en vano: tu interminable solidaridad recoge por estas horas multitudinarias muestras de humanidad, que reafirman tus derechos junto a los nuestros, sembrando un ejemplo que se puede conjugar en todos los tiempos…

La respuesta no está en Facebook, ni en ninguna red social:
la respuesta está en las manos de Gendarmería Nacional.

Ellos te llevaron. Ellos te golpearon. Ellos te secuestraron. Y a nombre del periodismo que sabe mirar para otro lado, vuelven a perpetrar un terrorismo de Estado. Porque sí, los pueblos originarios venimos gritando hace mucho, pero el eco recién empieza y, eso también, se lo debemos a tu lucha… A mí, me detuvieron por primera vez a los 11 años, cuando vivía en Bariloche, camino a comprar unos mapas. “Por actitud sospechosa”, me dijeron, con una sospechosa actitud propia de quien sólo sospecha de actitudes ajenas.

A ellos no les molestan nuestras “armas” sobre sus políticas:
les molestan nuestras armas políticas.

Son ellos, quienes poseen todo el arsenal económico, comunicacional, simbólico. Y nosotros nos volvimos sus verdaderos enemigos cuando decidimos disputarlo. Aun así, Santiago, sin ser mapuche, arribaste a la comunidad abrazando nuestra causa, como si fuera tuya. Y el día de tu secuestro, los gendarmes llegaron con esa idea fija que vos ya habías descubierto mucho tiempo atrás: “Matar a los indios”. No se llevaron a un indio esta vez, te llevaron a vos, que hoy lográs poner nuestro grito dónde nosotros no pudimos, porque nuestro destino suele ser tan silencioso como nuestra historia. Lo dicen tus compañeros, lo dice tu ideología: si el desaparecido fuera mapuche, ¿cuántos gritos habría?

Los indios podemos desaparecer, sin que nadie salga a protestar.
Vos llegaste para gritarlo y, ni llevándote, te pudieron callar.

No tuvimos oportunidad de compartir nuestro tiempo, pero todos los peñi y las lamien que te conocen hablan muy bien de vos, fortaleciendo la espalda del texto que escribo. Y entonces, aún sin habernos cruzado palabra, puedo afirmar con certeza cuánto valoramos tu autenticidad: decir lo que pensabas y hacer lo que decías…

Quedan pocos, muy pocos, con semejante cualidad, ésa que te volvió imprescindible. Pero basta revisar tus acciones, para conocer tus fundamentos políticos, ésos que ahora se vuelven ejemplo de miles, de miles que ojalá se vuelvan aparecidos en la lucha, de miles que ojalá se vuelvan Santiago. Pues aquel 1 de agosto tal vez debieras haber estado formando nuevos cuadros en algún otro lado, pero allá te llevaron tus convicciones, sobre las normas claras de la comunidad: “Si no sos mapuche, nunca debés exponerte”, solemos decir en general, pero vos elegiste quedarte ahí, apoyándonos igual, hasta penetrar en lo profundo de nuestra cultura, un lugar muchas veces inaccesible para quienes vienen desde lejos. Tus decisiones, tus convicciones, nos igualan y nos hermanan en un solo grito, a todos los seres humanistas del mundo…

Yo no sé dónde estarán el Che, Severino De Giovanni, Evita, Tupac Katari o Gandhi,
pero de seguro andarán gritando por algún lado:
¡Dónde mierda tienen a Santiago Maldonado!