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Pablo Benito – Intolerable, inaceptable. Indescriptible es lo que ocurrió durante las primeras audiencias del juicio oral en el que se encuentran imputadas tres “personas” a quienes se les acusa de haber sometido a un niño durante 4 años – entre los 5 y los 9 años de su vida- a tormentos y violaciones por parte de su abuelo, quien habría ejercido todo tipo de abusos sexuales con acceso carnal, su abuela quien habría sido espectadora durante todo ese tiempo en un rol macabro de goce y facilitamiento y su propio tío, un policía, quien también abusaba del niñito coaccionandolo con su pistola reglamentaria apuntada a su cabeza. 

La madre del niño, quien había dejado a su hijo a la guarda de sus padres, fue quien descubrió los hechos al identificar una foto, almacenada en el celular del pequeño, en la que se podía ver los genitales de un adulto en un escenario que ella identificó como el mobiliario de la casa de sus padres.
El menor relató detalles de lo que habría ocurrido  al detalle –sometido a una Cámara Gesell .
Si bien el tratamiento de semejantes hechos aberrantes, suponen un abordaje de los magistrados acorde al padecimiento sufrido por la denunciante, madre del niño abusado -en tratamiento psiquiátrico por las circunstancias vividas- fue destinataria, tanto ella como su defensa y los fiscales denunciante, a lo que configura un verdadero caso de violencia de institucional, incluso, en contexto de violencia de género.
He aquí el documento fílmico escogido que demuestra – cuanto menos- la liviandad y nulo tacto del desempeña de la presidenta del tribunal, Dra. Susana Luna, en una inconcebible revictimización de la denunciante a quien se presiona a participar de un careo con su hermano, tío del niño y acusado de haber violado a su hijo en reiteradas ocasiones.  Tanto el fiscal como el abogado de la denunciante, piden postergar  la medida, dada las condiciones de la mujer quien se encontraba notablemente afectada por las 7 horas ininterrumpidas que llevaba la audiencia y la Jueza manifiesta de manera indiferente: “Yo la veo bien”, obligándola a un careo con su hermano – también cuestionado por la querella en razón de las formas.

Estos son los fragmentos elegidos que describen el destrato, impropio de un magistrado, hacia una de las partes que culmina con un fallido en el que la jueza reconoce “ser parte interesada”.

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“Yo soy parte”, un fallido que bien podría interpretarse como casual pero no a la hora de dilatar procesalmente la duración de la audiencia.

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“Gracias por su clase campestre”, expresa la jueza en una tónica de trato irrespetuoso que se vivió durante las extensas jornadas en la que se aborda un caso tan delicado y grave como el de violación de un niño por parte de sus familiares durante 4 años – de los 5 a los 9 años.Video 3