Pablo Benito para Notife – La presencia del Papa Francisco, en Argentina, brilla – precisamente – por su ausencia física en lo que no puede soslayarse como un mensaje de ese gran político, que es Jorge Bergoglio, hacia los habitantes del país en el que nació.

En su segunda visita al Cono Sur, en lo que va de su asunción como sumo Pontífice, vuelve a bordear la Argentina y posterga su llegada al país que sería un hecho de una relevancia mundial más que importante. Se pueden tejer, destejer, anudar teorías conspirativas, y de las otras, siendo lo único que se pueda sacar en limpio es la omisión como una decisión deliberada. Francisco elige no visitar su país de nacimiento, aunque atravesará el espacio aéreo argentino, sin siquiera hacer una escala simbólica y pisar la tierra que lo vio partir, en marzo de 2013 hacia Roma, para transformarse en la máxima autoridad de la Iglesia Católica.
En los días que corren, con una profunda crisis del capitalismo mundial, Francisco, –con su palabra- trasciende el clero, y hasta las religiones, para ubicarse en un sitial opuesto a los planes manifestados por los máximos líderes mundiales que no incluyen, en su agenda, la posibilidad de poner un freno a la ambición desmedida que acelera directo a estrellarse contra su propia locura.

Apenas haber partido de Roma, este 15 de Enero, el Papa lanzó al mundo un fuerte mensaje que sacude la modorra generalizada y deja claro que hay cosas con las que no se puede –ni debe- jugar. Desde el propio avión, que lo traslada a Santiago de Chile, brinda una conferencia en la que sintetiza su llamado en una terrible foto que muestra –y recuerda- al planeta las consecuencias de la guerra y el enorme poder destructivo de las armas nucleares.

Francisco utiliza todos los medios para multiplicar su prédica –incluso con la ausencia, como es el caso de la Argentina- y envía mensajes al mundo confesando que el juego del “botón rojo” no es chiste. “Sí, tengo verdadero miedo. Estamos al límite. Un incidente bastará para desencadenar una guerra”, dijo Francisco a bordo del avión papal y agrega: “Necesitamos destruir las armas y esforzarnos por el desarme nuclear”.
Es que las sociedades no están a la altura de manejar el peligro que, en su nombre, los grandes líderes mundiales generan.
La tontería puede darle importancia mediática al supuesto enfrentamiento del Pontífice con Macri o los actos vandálicos que anteceden su llegada al país trasandino. Humo que esconde lo que, desde su llegada al Vaticano, viene alertando Francisco en cuanto al peligro que corre “La casa que habitamos”, con las agresiones crecientes al medioambiente a lo que se suma la amenaza latente y absurda de una guerra, a escala mundial, con armas de destrucción masiva.
Francisco ha dejado claro que el principal objetivo urgente, para lograr cierta armonía en el mundo, comienza por detener la desenfrenada carrera del consumo como motor económico excluyente de la realización humana.
La encíclica papal de 2015 – Laudato Sí – debe ser consumida y comprendida por fieles y ajenos a la fe católica, porque mientras la rueda gire, en la dirección que lo viene haciendo, no hay ideas, ideología o pretensión posible que tenga sentido si la relación, entre el ser humano y la naturaleza, no cambia de matriz.

Siquiera se trata de premoniciones apocalípticas sino que adopta el argumento científico, del conocimiento, como fundamento de una situación crítica a la que se enfrenta no sólo la casa que habitamos sino también la casa que nos habita: El propio cuerpo0papa