Pablo Benito (Para Notife) – En tiempos en que la “cuestión de género” ocupa la centralidad de lo “políticamente correcto”, la contienda electoral, 2019, parecía renga en relación a la intención administrativa de consagrar la paridad (fifty –fifty) de hombres y mujeres en los puestos legislativos a elegir en las próximas elecciones.

Por el lado del radicalismo universitario, danza Corral, Barletta y mete su calva -curiosa- Nicki Cantard.
Desde “el otro” radicalismo – o más bien “uno” de los otros- lo hacía Pullaro, que parece tener una suela de tatuaje en la nalga izquierda, para lo que debería retirarse con cierta premura del gabinete para hacer de oposición oficialista dentro del FCyS, de cara a una posible constituyente 2018.
Por el PRO fundacional, aparece la figura de Roy Molinas, el bello que no es durmiente. Laspina, que siempre está ahí para lo que “mande servir” y en el peronismo las voces del secreto ya no lo son tal.
Perotti número puesto a la Casa Gris, pero con la tintura amarilla en el bolsillo. Rossi, fiel a su costumbre de cantar “falta envido” con 23, sólo por el gusto a “hacer perder” a su coequiper. Lo que falta en la expectativa creada son precisamente,  mujeres.

“La Bielsa”

Y ahí está su círculo íntimo, preparando el alcohol de quemar. Mojando la mecha y probando la resistencia del papel mallé para lanzar el globo de ensayo. La intención es ver si todavía la “ve” el electorado luego de aquel triunfo fenomenal – encabezando la lista a diputados provinciales- que le diera vida al kirchnerismo santafesino y sustento al acuerdo local con el socialismo. Le costó parte de su vida política, a “la Bielsa” que secundó el último gobierno de Obeid, pero –como en el futbol- al final del torneo se verá si el empate, que obtuvo con su renuncia a la banca, es un punto ganado o dos perdidos.
La trayectoria de María Eugenia Bielsa se mantuvo inmaculada sin una sola mancha en su curriculum,  en medio de tantos prontuariados y procesados. Esto es un punto fuerte de cualquier candidato pero también lo hace impredecible para los políticos profesionales. Más aún para los CEOS burócratas del Partido Justicialista, el peronismo de pedriguee y las inferiores kirchneristas, que esperan saltar del banco – el de suplentes- hacia la cancha.
Cómo arquitecta que es, Bielsa, sabe que sus cimientos son fuertes, las paredes de 45 con hierro reforzado, apuntalan la construcción pero a su proyecto le faltan los detalles. Y para los detalles, aberturas, sanitarios, griferías, etc. Hace falta plata y aparato que es lo que no tiene, si bien cuenta con un hermano aparato y con plata que, para el caso, no es lo mismo porque esto no es fútbol.
Ocurre que Lifschitz, con su pretendida reforma constitucional, hizo del presente año, 2018, un año potencialmente electoral. De prosperar la ley de reforma, habría elecciones de constituyentes y también reparto de golosinas. Sea para acopiar en vías a endulzar el 2019 o una oportunidad para los insaciables que no temen a la diabetes ni  hospedan un sapo en su barriga. Si la reforma sigue su curso habrá dulces, figuritas y cotillón para la política o, mejor dicho, para los políticos.  Cuenta que, por supuesto, pagaremos – como es debido- nosotros. O ustedes, según el viento.

Lo que generó el GeneroConstituciòn machista provincial
Y en esto del género que no es, precisamente, tela para cortar, aparece un dato omitido por aquellas mujeres que se manifiestan feministas. Lo digan o lo callen, siguen acatando el verticalismo patriarcal que reina en sus partidos y espacios políticos.
La Carta Magna provincial, que rige el derecho y la organización de todo el Estado, su redacción y el consenso acordado en 1962 para que se promulgue, cuenta con el 1,2 % de representación femenina entre los constituyentes que levantaron su mano. Desde su forma, hasta su contenido tiene un fuerte contenido sexista que, de por sí, sería motivo suficiente para justificar su modificación.
Olga A. de FOSCHI y Clyde B. de Altieri, constituyente rodeadas de 58 diputados varones. No sabemos sus apellidos, porque aún siendo congresal, había pasado a ser “de” un tal Foschi y “de” un tal Altieri, sus respectivos maridos.

Feminista o femenina, cualquier intervención sobre la estructura jurídica, política y social, que se haga sobre lo establecido, tendrá el aroma y la sensibilidad impresa de la mujer. La corriente general, va  hacia ese mar –irremediablemente-  por lo que es inaudito imaginar la discusión de espacios de poder –formal- sin un fuerte contenido de género.

Por eso es que no delira María Eugenia Bielsa, cuando amaga en su candidatura y lo hace urgente para no llegar tarde al reparto “constituyente”. Lo hace, también, Rodenas, lo puede imaginar Fein y lo podría pretender Ciciliani. Son mujeres, no tienen piso – ni techo- de empatía electoral. Bielsa les podría sacar un cuerpo por el grado de conocimiento que posee como, así también, tener la medalla de haber sido víctima del rossismo kirchnerista y mantener “buena vibra” con CFK. Cierto es también que Cristina -o Cristiana- no es afecta a la pretendida práctica de la sororidad (relación de hermandad y solidaridad entre las mujeres para crear redes de apoyo que empujen cambios sociales, para lograr la igualdad). Prueba de esto es que, a la hora de apoyar a le ex vicegobernadora contra la horda de machos que se le tiró arriba de la caja legislativa, la senadora por Buenos Aires prendió Netflix, clickeó en “House of Cards” y tomó nota de los movimientos de Claire, cada vez que una mujer le hacía sombra.
Es el machismo propio -el que integra al propio feminismo- el principal enemigo de la construcción de poder con perfume de mujer. Podría ser el motor principal de una reforma constitucional de una Carta Magna provincial, insoportablemente misógina que estructura un ordenamiento del Estado que, lógicamente, no se depila las cejas.