Pablo Benito – Hemos sido hackeados innumerable cantidad de veces. Esta vez fue la más fuerte y la más agotadora para los recursos anímicos de quien suscribe. La nota “De Humboldt a Panamá” (ver) que describía el accionar del ex cajero de Menem, de Eurnekian y, actualmente, de Cristóbal López, Jorge “el negro” Rottemberg, produjo un ataque, a la web, más sofisticado que lo habitual. Para levantar la página hacía falta tiempo, plata o un contra-hacker que empatice con este tipo de periodismo. Obvio pasó lo segundo y acá estamos de vuelta. Molestando.

Más allá del hartazgo de este último suceso y la confirmación del tipo de trabajo solitario y, por lo demás, indefenso y sin espalda del periodismo free lance –o independiente de estructuras mediáticas, aunque proveedoras de estas- es visible la necesidad de esta característica de comunicadores dentro de un esquema general bastante cerrado.
Los trabajadores de prensa, en relación de dependencia, cumple su rol y mantienen su lucha en las redacciones, y esa lucha por espacios de libertad se ayuda cuando, desde afuera, se denuncias hechos que los colegas no pueden abordar por varias razones de la cual, la más importante es el tiempo. Tiempo para abordar un tema sin tener que interrumpirlo con cubrir el choque en la esquina, la diaria de tribunales, las operetas de la policía, de la política y hasta la censura tácita – o expresa- de que puerta no hay que abrir.

Transporte, subsidios, los cuadernos de la Obra Pública en Santa Fe, el lavado de dinero en la provincia, el negocio de contaminar, la inmobiliaria Municipal S.A., etc. son algunos de los temas que quedaron en el block de notas y verán la luz paulatinamente.
El papel también, pronto llegará, pero en clave de humor político y social.

Estamos de vuelta, con proyectos nuevos que incluye incorporación de voluntades, juventudes y armas de defensa digital para que no sientan “los malos” que pueden correr tan fácil a “los buenos” (al menos buenas intenciones).
Hay equipo.