El problema no es –ni fue- Pullaro

Del ridículo si se puede volver, asumiéndolo como sociedad.

Pablo Benito – El fracaso de la sociedad santafesina para combatir la criminalidad y la violencia no se puede reducir a un ministro, pero también el Ministro es responsable. Responsable porque el discurso de Seguridad del gobierno progresista no pudo dar el salto y se quedó en presentaciones de móviles policiales, nombramientos de agentes y fotos junto a panes de merca o faso.


No estuvo, la Seguridad, presente en inauguración de hospitales, principios de años lectivos, complejos culturales. El mensaje no bajó, porque no está. Se lo dice, pero no se siente.
Hoy, la policía es “el” problema y no “la” solución a la violencia social generalizada.
¿Perdería votos el gobierno saliente de haber tomado el camino de la concientización bancando la parada de que la violencia, con más violencia, se multiplica?
¿Comunicar que la violencia es estructural, es morbo y ocupa la secciones de más vista, mas oyentes y televidentes, cuando los detalles y la crudeza se describe, o ve, mas detallada-mente, es políticamente incorrecto y enardecería a Duran Barba?


¿Ese es el problema de marketing que tiene el Estado sin política?


Los 12 años del Frente de Progresista, gestionando de la provincia, no se retira del gobierno con la sensación de fracaso por no poder manejar el monopolio de la violencia de la policía. El fracaso fue en salud, en cultura, en deporte, en educación.
Asumirlo, no puede ser un asunto electoral o partidario. Es reconocer la magnitud de la tragedia social del avance del narco crimen y su perspectiva siniestra, a futuro. No hay otra perspectiva que pueda abordarlo, positivamente, si no es con una política de Estado que asuma que debe disputar al narco el territorio, sí, pero sobre todo la ilusión de los jóvenes que gestionen las carencias por el lado del amor, de la solidaridad, del colectivo y la identidad como parte de un pueblo y no con la solución química personal de “sentirse rey” por unos minutos y decidir por la vida de otro, terminando con la propia.

¿Utopía? ¿Ilusión? ¿”zaffaronismo”? ¿Derechos Humanos para los delincuentes? ¿Gasto público?

Ver aquí articulo del mismo autor


Bueno, ahí está la experiencia Medellin (ver) que redujo en una década los índices de homicidios en un 95 % en base a educación, entretenimiento, participación popular en las decisiones comunitarias, deportes estimulados por grandes eventos, infraestructura social y, sobre todo, planificación.
“Matarlos a todos” no puede ser la conducción del discurso social para garantizar la “paz”. Sobre todo, porque el gatillo siempre lo aprietan los mismos sectores de la sociedad.

La tragedia es tal que debemos ampliar y certificar que la sociedad es responsable porque sería, esta, la única manera de hacernos cargos de una calidad de vida que se llena de rejas, ataques de pánico, niños encerrados en sus play, jóvenes planta, padres espantados. Plazas vacías por la siesta. De lo contrario, la locura no tiene límites. Un sector político rezándole al diablo para que la violencia crezca y poder ocupar el lugar en un gobierno y, cuatro años, después el cambio de roles.
Eso no es la política. Es la falta de ella.

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